La alquimia es un mundo apasionante por aprender. Pero cuando nos adentramos tímidamente en su mundo, lo primero que nos encontramos son dos grandes obstáculos antes de poder conocerla siquiera en la superficie. 

La falta de vigencia

Por una parte, está la enorme diferencia del proceso mental que supone adentrarse en el mundo alquímico. Muchas de sus visiones tienen una clara raigambre religiosa y obsoleta y resulta bastante difícil discernir entre los procesos aún vigentes y los que carecen de sentido. A fin de cuentas, la alquimia sigue siendo un proceso espiritual INDIVIDUAL, lo que supone la realidad del individuo en el tiempo y en el espacio en el que se encuentra. Sin embargo, ese camino individual, tampoco puede ser demasiado escéptico ni tampoco excesivo en la poda de conocimientos porque sería como tratar de subir escaleras con tramos arrancados. A pesar de la involución que el sepultamiento de la alquimia ha provocado en  sus años de desaparición, el alquimista debe adentrarse en todos los caminos y experimentarlos desde su nueva realidad pero sin cuestionar los caminos hasta haberlos vivido y llegado a su propia conclusión. 

El lenguaje alquímico

El otro gran obstáculo es el que protagoniza el título de este artículo y es que el lenguaje alquímico está lleno de simbología, metáformas y revelaciones ocultadas a ojos de los no alquimistas para evitar que cualquiera puedan entrar en el mundo de la alquimia ya que se considera un mundo de una elevada concentración espiritual. Para entender el lenguaje alquímico, debe leerse mucha alquimia, al principio sin entender nada y poco a poco, con la familiaridad de lo que se oye muchas veces, aprender a ver con los ojos abiertos del terco que quiere adentrarse por más difícil que resulte… y poco a poco el lenguaje se va abriendo a esos ojos tercos. 

La alquimia vegetal

Se han considerado tres vías diferenciadas para adentrarse en el mundo de la alquimia. Por un lado está el trabajo con los metales, que sería la vía metalúrgica. Por otro lado, está el trabajo de alquimia personal donde lo que uno trabaja es la alquimia metafórica enfocada a el auto descubrimiento espiritual para intentar adentrarse en límites maravillosos y sorprendentes como, por ejemplo, la conexión con la inteligencia suprema, la telepatía, la videncia… y todo eso mediante el trabajo espiritual. Finalmente, nos encontramos con la alquimia en la búsqueda del medicamento perfecto, de la piedra filosofal desde el punto de vista del elixir que todo lo cura. 

La alquimia vegetal se adentra en la tercera vía aunque no es la herramienta única de esta vía sino que la búsqueda de elixires medicinales también podría contemplar el trabajo con materiales minerales. 

Entre las herramientas de la alquimia vegetal más comunes está la destilación, la fermentación, la calcinación el extracto… pero todos estos procesos se visten de literatura metafórica que dificulta su comprensión y que exige del alquimista una vocación persistente. 

 

Algunos libros de alquimia vegetal: 

 

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