Manzanilla (Matricaria chamomilla): la pequeña maestra del equilibrio

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Hay plantas que simplemente sirven para “algo” concreto… y hay plantas que enseñan al organismo a volver a funcionar bien. La manzanilla pertenece claramente a este segundo grupo. A simple vista parece una hierba humilde: flores blancas pequeñas, centro amarillo y un aroma suave que casi todo el mundo asocia con la infancia o con la idea de cuidado. Sin embargo, dentro de la fitoterapia tradicional y también en la herbolaria energética, es una de las plantas más completas que existen porque no actúa sobre un solo órgano, sino sobre la respuesta global del cuerpo.

No se limita a quitar un síntoma. Ayuda al organismo a recuperar su estado natural de calma.

Su nombre científico es Matricaria chamomilla y pertenece a la familia de las asteráceas. Se utilizan principalmente las flores, los pequeños capítulos florales que aparecen en primavera y principios de verano. Crece de forma espontánea en bordes de caminos, terrenos removidos y zonas soleadas. Hay un detalle botánico muy interesante: si se corta longitudinalmente la parte amarilla de la flor, el receptáculo es hueco. Esto permite diferenciarla de otras plantas similares. En la tradición herbal se decía simbólicamente que esa cavidad representa su función: crear espacio dentro de la persona, aflojar tensiones internas.

La manzanilla está bien estudiada químicamente. Contiene bisabolol, un potente antiinflamatorio y cicatrizante; camazuleno, protector de mucosas y calmante; apigenina, un flavonoide que actúa sobre receptores nerviosos relacionados con la ansiedad; cumarinas, que relajan la musculatura lisa, y mucílagos que protegen el aparato digestivo. Por eso puede ayudar en problemas tan distintos entre sí: digestión, piel, sistema nervioso, menstruación o sueño. En realidad no son campos distintos; está modulando inflamación, tensión muscular y sistema nervioso al mismo tiempo.

En el sistema digestivo es donde más se conoce. Ayuda en digestiones pesadas, gases, distensión abdominal, gastritis leve, náuseas por tensión y colon irritable de origen nervioso. Lo importante es entender que no funciona solo como carminativo. Actúa sobre el eje intestino-sistema nervioso. Muchas personas notan que les sienta bien incluso cuando no saben qué les ocurre exactamente, porque a menudo lo que hay detrás es tensión acumulada.

En el sistema nervioso tampoco es un sedante clásico. No apaga ni adormece; armoniza. Resulta útil en ansiedad leve, irritabilidad, sobrecarga mental, dificultad para conciliar el sueño por exceso de pensamiento o en niños inquietos. Es especialmente adecuada para personas que somatizan en el estómago o que tienen la mente constantemente activa.

En el ámbito femenino su uso es antiquísimo. El nombre Matricaria procede de matrix, útero. Tradicionalmente se emplea para dolor menstrual, espasmos uterinos, reglas tensas o síndrome premenstrual emocional. No actúa regulando hormonas directamente, sino relajando la musculatura uterina y reduciendo la inflamación asociada.

Aplicada externamente es igualmente valiosa. Se utiliza en conjuntivitis leve mediante lavados, en dermatitis, piel irritada, picaduras, encías inflamadas o aftas. El bisabolol que contiene es uno de los cicatrizantes naturales más eficaces conocidos.

La forma de preparación es fundamental. Una cucharada sopera de flores por taza de agua recién hervida, siempre tapada durante unos diez minutos. Tapar es importante porque los aceites esenciales se evaporan fácilmente y perderíamos buena parte de su efecto. Para ansiedad o sueño se toma caliente y despacio, por la noche. Para digestión, después de las comidas. Para uso externo se prepara más concentrada, se deja enfriar y se aplica en compresas.

Es una planta extremadamente segura. Solo se evita en caso de alergia a las asteráceas, muy poco frecuente, o si se siguen tratamientos anticoagulantes fuertes, donde conviene consultar. En embarazo se utilizan infusiones suaves sin problema, evitando concentraciones altas.

En la tradición europea se consideraba una planta solar suave. No aporta energía excitante, sino orden. Se empleaba para limpiar suelos en casas con tensiones familiares y para niños nerviosos porque se decía que ayudaba al cuerpo a sentirse seguro. Curiosamente esto tiene una explicación fisiológica: favorece la activación del sistema parasimpático, el estado de relajación profunda en el que el organismo se repara.

Su cultivo es sencillo. Necesita sol directo, suelo pobre y poco riego. De hecho, cuanto más se intenta cuidar como una planta delicada, peor crece. Suele resiembrarse sola cada año. Es una planta de borde, de transición, igual que su función en las personas: facilitar el paso de la tensión a la calma.

Muchas plantas tratan enfermedades concretas. La manzanilla trata estados internos. No es solo digestiva, ni solo nerviosa, ni solo antiinflamatoria. Es una planta que devuelve ritmo al organismo. Y por eso, precisamente por parecer cotidiana, suele ser una de las más profundas para empezar a relacionarse con la medicina vegetal.

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